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l primer Mundial disputado en suelo asiático bajó hoy sus persianas con una ceremonia sin brillo, aunque rica en simbolismos de Japón, sede de la final entre Alemania- Brasil y coanfitrión del certamen junto a Corea del Sur.
La ceremonia de clausura tuvo una duración de apenas 20 minutos y comenzó cuando el Estadio Internacional de Yokohama, todavía semivacío, dio la bienvenida a varias decenas de japonesas vestidas de "geisha".
Como sucedió en la fiesta inaugural en Seúl, pero en sentido inverso, la única referencia al otro país organizador fue una bandera, en este caso de Corea del Sur, sostenida por unos jóvenes japoneses.
Enseguida, dos banderas gigantes de Alemania y Brasil, sostenidas por voluntarios japoneses, fueron desplegadas sobre el campo de juego y desplazadas hasta que se encontraron en el círculo central, despertando los mayores aplausos de la ceremonia.
Unos "samurais" ingresaron al son del "taiko" -una suerte de gran tambor utilizado desde hace siglos en las fiestas populares, y cargaron sobre sus hombros cuatro "o-mikoshi" -especie de templo "ambulante" utilizado en la religión "shinto"-.
En el momento quizá más novedoso de una fiesta de clausura sin ribetes emocionantes, un gigantesco Monte Fuji inflable fue erigido sobre el césped en "homenaje" a la montaña más representativa de Japón.
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