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os jugadores brasileños improvisaron un festejo. Primero en el vestuario, apenas terminó el partido. Y luego todos se dirigieron al estudio que montó en Japón la Red O' Globo. Ahí, obviamente, se desató el baile y el canto.
Antes las cámaras y al ritmo de samba, los futbolistas fueron apareciendo de a uno. Primero en la fila se lo vio a Ronaldo, quien resaltó "este gran momento". Enseguida Rivaldo, históricamente serio, cedió ante una broma del conductor y no tuvo más remedio que reir. Así, sucesivamente, fueron apareciendo todos. Hasta que llegó Ronaldinho, por lejos el más simpático del grupo. Se cruzó en medio de las cámaras y no tardó un segundo en manejar la banda. Tocó, bailó y cantó, al mejor estilo de los expertos.
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