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| LA GLORIA. Cafú, el capitán de Brasil, besa la Copa del Mundo. Foto AP |
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l primer tiempo se jugó lejos de las áreas. Alemania le quitó la pelota a Brasil, pero la manejó sin profundidad. Pese a esto, el que dispuso de las mejores jugadas fue el conjunto que dirige Scolari.
Alemania sorprendió en el comienzo, presionando bien arriba a un conjunto brasileño que se mostró lento y sin potencia.
Neville era una pesadilla para Roberto Carlos y Klose preocupaba con su juego aéreo a los centrales brasileños.
Brasil sintió la “ausencia” de Rivaldo, que caminó por la cancha y nunca fue el conductor que su equipo necesita. Sólo Ronaldinho con su movilidad, y un poco de Ronaldo, se destacaron en un opaco conjunto brasileño.
Pero en los últimos cinco minutos del primer tiempo, Brasil se acordó que estaba jugando una final del mundo y se prendió en el partido. Kléberson, en dos oportunidades, y Ronaldo (Khan le sacó un mano a mano) marcaron la diferencia para los sudamericanos. Sólo les faltó la última puntada para abrir el marcador.
Alemania comenzó el segundo tiempo a toda máquina, presionó a Brasil, no lo dejó pensar, y le creo al menos dos situaciones de peligro.
Pero Brasil es Brasil. Tiene jugadores que aparecen y hacen fácil lo difícil. Como por ejemplo Ronaldo, quien apareció dos veces y no perdonó. En la primera, luego de un grueso error de Oliver Kahn, aprovechó el rebote que dio el arquero y marcó la apertura del marcador.
El segundo fue a toda orquesta: luego de un par de toques, Rivaldo abrió las piernas y lo dejó a Ronaldo solo frente al arquero, quien definió con un derechazo esquinado.
Con sólo diez minutos para terminar el partido, Alemania se jugó el resto, pero no le alcanzó, ya que enfrente tuvo un equipo que sacó a relucir todos sus pergaminos y demostró porqué es el pentacampeón.
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