 |
| PURA SAMBA. Rivaldo y Ronaldinho fueron los autores de los goles que le dieron la clasificación a Brasil. Foto AP |
|
 |
|
Tiempo estimado de lectura 2'37''
Y
Brasil va. Sigue, en realidad. Así, como haciéndose el desentendido, en medio de las críticas de la prensa por su estilo y sin lucir demasiado. Pero ya es semifinalista y, sinceramente, ¿alguien duda de que le sobran merecimientos? Porque rival que tuvo adelante en este Mundial, rival al que le demostró (en mayor o menor medida) su superioridad. Y así pasó con Inglaterra, que había sorprendido de entrada pero después quedó atratapado en las garras de su propia mezquindad. Conclusión: Brasil es semifinalista y ahora espera por el ganador de Senegal y Turquía. Pero más allá de eso, su candidatuta se agigante cada vez más.
Era un choque de estilos. Bien opuestos, por cierto. Brasil y su fútbol elegante, se cruzaba con la eficacia de Inglaterra. Con todo lo que eso encerraba. Y después de un rato de estudio, en el que casi no pisaron las áreas, los ingleses tuvieron la primera gran chance, con una corrida larga del chiquitín Owen, quien aprovechó un descuido de Lucio y definió fenomenal (amague incluido) sobre la salida del arquero Marcos.
Uno a cero y todo se le presentaba a pedir de Inglaterra. Porque la diferencia le daba aire para tirarse unos metros atrás y apostar al contragolpe que, en verdad, no lo sacó nunca. Prefirió replegarse y aguantar con dos líneas de cuatro la presión de un rival que no daba en la tecla. Probaba y probaba, pero en lugar de hacerse fuerte en lo que más sabe, el toque corto y por los costados, repetía los pelotazos para nadie. Ronaldo, dentro de todo, era el que mostraba el camino con esos intentos que abrían espacios. Pero tanto Rivaldo como Ronaldinho no supieron cómo hacer para sacarse las marcas de encima.
Los minutos pasaban y nada. Brasil perdía y se quedaba afuera. De Cafú ni noticias y mucho menos de Roberto Carlos. Pero había una intención y de golpe apareció el premio. Cuando menos se lo esperaba, porque la primera parte se consumía inevitablemente y los nervios de a poco se estaba instalando. Una genialidad de Ronaldinho, a los 47 minutos del primer tiempo, deribó en el empate. Arrancó a toda marcha, con la pelota dominada y sin que nadie lo pudiera cortar. En la medialuna amagó con darle al arco, pero optó por tocársela hacia la derecha por donde entraba Rivaldo. Y éste acomodó el cuerpo y le cambió el rumbo a la pelota, que terminó abajo, en el segundo palo del arquero Seaman.
Psicológicamente el partido dio un vuelco impresionante. Porque Brasil, que estaba con el ánimo por el piso, recuperó su autoestima y se motivó. Quedó demostrado en el arranque del segundo tiempo, cuando Ronaldinho, desde un sector muy cerrado del lateral derecho, ejecutó un tiro libre que todas las cabezas esperaban en el área. Pero para sorpresa general y también del arquero Seaman, le dio combado al arco y se metió arriba.
Empezaba otra historia, entonces. Porque en un rato, apenas, lo dio vuelta. Eso sí, tuvo un paso en falso en el momento en que Ronaldinho le entró mal a Mills y el árbitro no dudó en expulsarlo.
A partir de ahí quedó bien delineado lo que cada uno quería. Brasil aguantar y hacer circular la pelota, dentro de los posible lejos de su arco. ¿Inglaterra? Buscar y buscar. Pero equivocó los caminos. Porque repitió los bochazos para nadie. Y así sus aspiraciones no tardaron en diluirse.
Rivaldo, con su zurda mágica, aguantó la parada en el final. Pidió la pelota, la escondió, de a ratos también la compartió con Roberto Carlos y así terminó el partido. Con Brasil festejando y convencido de que le sobra tela para sostener sus aspiraciones.
|