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tra sorpresa en el Mundial. ¿Y van? Porque Portugal, uno de los aspirantes previos al título, quedó eliminado sin pena ni gloria. Perdiendo 1 a 0 con Corea, con nueve hombres y dando una imágen de ilimitada impotencia.
Para colmo, la verguenza se potencia a partir de que el segundo clasificado en este grupo, Estados Unidos, cayó en forma contudente ante Polonia.
Ahora, más allá de lo futbolístico, una actuación argentina, esta vez la del árbitro Angel Sánchez, no pasó para nada inadvertida. Porque no dirigió bien y sus fallos (las expulsiones de Joao Pinto y Beto, fundamentalmente) generaron mucho polémica. No sólo eso, también estuvo nervioso, dejó que los jugadores lo conversaran mucho y, fundamentalmente, no cortó a tiempo las piernas fuertes que se repartieron.
Al margen de eso, la eliminación de Portugal no es responsabilidad exclusiva de Sánchez. Vale decirlo bien clarito: Portugal se quedó afuera por méritos propios. Hizo todo y más para irse antes de tiempo del Mundial, porque salvo algunos pasajes en el partido contra Polonia, en general su juego no superó la media. Y así, entonces, no se puede aspirar a demasiado.
En este partido con Corea nunca tomó la iniciativa. Se conformó enseguida sabiendo que el empate lo depositaba sin escalas en la siguiente fase. Por momento hasta canchereó haciendo tiempo, tocando hacia los costados y suplicando para que el reloj avanzara. Es cierto, las expulsiones lo fueron condenando de a poco, pero tuvo también mala actitud. Un ejemplo, apenas: Figo casi no tocó la pelota. Salvo en esos minutos finales de desesperación, cuando la derrota y la eliminación eran una carga dura de asumir.
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