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| AMARGA DESPEDIDA.Batistuta no pudo lograr un título mundial y anunció su retiro de la selección argentina. |
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uele. Por todo lo que encierra, más allá del resultado seco que, con el tiempo, se transformará en una fría estadística. Pero el golpe, la eliminación, se acentúa en ese final emotivo, con todo el equipo volcado al ataque en busca del gol que condujera a los octavos de final. Hay que detenerse en ese minuto ochenta y siete, cuando el Burrito Ortega enganchó en el sector derecho y lo tocaron adentro del área. Penal. Quedaba todavía tela para soñar. Pateó el propio Ortega y el arquero detuvo, pero Crespo con oportunismo pudo marcar.
Uno a uno. Había tiempo, entonces, para la hazaña. Era cuestión de un gol más, el salvador, el que todos los argentinos esperaban. Y los intentos, con pelotazos de uno y otro sector, se multiplicaron hasta llegar a ese final que unió en tristeza a jugadores y cuerpo técnico.
Hubo bronca, en definitiva, porque se jugó el mejor partido del Mundial. Es que Argentina se mostró renovado, totalmente renovado. Cambió con relación al equipo que la fecha anterior había perdido con Inglaterra y desde el vamos quedó demostrado cuál era la actitud. Con presión en cada uno de los sectores y con un adelantamiento de los defensores, no tardó en agarrar el protagonismo y así, en un par de minutos, generó varias situaciones de peligro para desequilibrar.
Aimar, en su rol de conductor, se puso el equipo al hombro y desde su fútbol preciso, el equipo fue encontrando espacios. También anduvieron muy bien por los laterales Zanetti y Claudio López, quienes se cansaron de llegar al fondo para tirar centros peligrosos. Otro rendimiento muy alto en esa etpa inicial fue el de Ortega. Porque abandonó el lateral y se tiró unos metros hacia el medio, donde se juntó con Aimar y ahí aparecieron los mejores momentos.
¿Suecia? Casi no dio señales de vida. Apenas se tiró atrás y desde donde aguantó con un objetivo claro: proteger su arco. Ni siquiera apeló a la contra, ya que Svensson y Larsson prácticamente no participaron del juego. Además, cuando lo hicieron, apareció Chamot (estuvo muy atento) para cortarlos.
El final del primer tiempo llegó con Argentina volcado al ataque. Iba por todos lados y nada. Para colmo, justo antes del pitazo, el árbitro lo expulsó a Caniggia supuestamente por un insultó.
Había que ir a buscar el gol. Aimar siguió como conductor, distribuyendo el juego hacia los costados, aunque de a poco los suecos se fueron tirando atrás. Hasta que vino una contra que se transformó en tiro libre. Y Anders Svensson, con un disparo esquinado, se coló junto a un palo.
A partir de ese momento se vio a otro equipo. Sin tanta precisión y con mayor empuje. Como pudo fue para adelante y ni siquiera el cambio de Crespo por Batistuta pudo torcer la historia. También entró Verón para tocar con Aimar y nada. Llegaron esos tres minutos del final y la emoción se apoderó de todos. Pero no hubo caso. Argentina se despidió del Mundial con amargura y muchas dudas, pese al esfuerzo.
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