 |
|
Tiempo estimado de lectura 1'19''
Mientras los equipos de Argentina e Inglaterra se preparan para protagonizar un choque decisivo del Grupo F, afuera de la cancha ya se juega otro partido que no es precisamente sencillo: mantener la seguridad entre ambas hinchadas. Es que históricamente se han cruzado (por ejemplo, en México 86) y las autoridades no quieren que este Mundial se aparte de la tranquilidad actual.
Concretamente, hay mucho temor entre las autoridades ante un enfrentamiento que puedan tener los barrabravas argentinos y los hooligans. Por eso armaron, con la colaboración de los doce efectivos de la Policía Federal que se encuentra en Oriente, un plan preventivo. Que apunta, fundamentalmente, a desactivar incidentes previos, durante y después del partido en Sapporo.
La primera medida de las autoridades locales fue cortar el acceso de los hooligans. Un dato que no es menor: 16 ingleses ya fueron deportados. Y, según calculan en Japón, la cifra se duplicará antes del partido del viernes. Los japoneses saben que los británicos se encuentran en Malasia y que están ingresando en grupos de cinco personas como máximo. La idea de los hooligans es no despertar sospechas, aunque la mayoría de ellos se encuentran registrados en un banco de datos que la Policía inglesa le entregó a su par de Japón.
También las autoridades tienen los antecedentes de los potenciales argentinos que podrían ocasionar disturbios. Según José Pantano, jefe de seguridad de la Selección Argentina, “ante Inglaterra es otra cosa. Y creemos que vendrán más argentinos que ante Nigeria (unos 10.000). En este tipo de partidos hay que estar muy atentos”.
A cargo de este cuerpo especial está el comisario Alejandro Cano, quien ya estuvo en Francia 98 y trabajó junto con La Policía francesa en una tarea de identificación.
|