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Italia, uno de los seleccionados candidatos al título, dio una contundente demostración de practicidad: sin lucir, pero con un gran oportunismo, en menos de media hora liquidó el partido. Y después, aunque sin resignar la contra, se dedicó a cuidar la ventaja y, fundamentalmente, a cuidar las piernas de todos.
Vieri, autor de los dos goles, tuvo un papel determinante en la primera media hora. Porque sus definiciones aportaron confianza propia y, además, desequilibraron a Ecuador.
Y tuvo en Totti, con su andar incansable, al adueñó del equipo en el medio. Distribuía, ordenaba y su presencia complicaba en forma a los ecuatorianos, quienes no podían hacer pie.
El partido, que se jugó en el lujoso Sapporo Dome, no tuvo un desarrollo brillante, pero sí entregó pasajes atractivos, como esa media hora inicial de la segunda parte en la que Italia se dedicó a cuidar la pelota y cada vez que podía intentaba con réplicas muy punzantes.
Así llegó el final. Ecuador, resignado, no hizo más que esperar el pitazo lo más dignamente posible. Mientras Italia se florea con autoridad.
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