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Alemania se despertó. De golpe. En noventa minutos, apenas, dejó atrás un montón de dudas que venía acarrerando en los últimos tiempos. Por lesiones, por mal jugado y por críticas acumuladas. Pero la historia y su propia recuperación pudo más. Así entró pisando fuerte, con ocho goles y una actuación que obliga a prestar mucha atención.
Vale la aclaración: Arabia Saudita e sun rival muy limitado. Pero nada, absolutamente nada, puede opacar semejante demostración del equipo de Voeller. Porque desde el vamos planteó un juego ofensivo y no tardó en sacar la decisiva ventaja.
Por momentos daba la sensación de que cualquiera podía hacer un gol. La diferencia era tal, que en la mitad del segundo tiempo el técnico Voeller dio precisas indicaciones de aflojar el ritmo para no arriesgar a nadie. Entonces llegó el turno del flore, de tocas hacia los costados y de buscar la diferencia sólo ante una eventualidad. Pero como los árabes no paraban de cometer errores, la diferencia fue creciendo hasta ese descomunal ocho a cero que, al menos en esta segunda fecha del Mundial, no deja de sorprender.
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